Hoy y ayer
Previamente a la realización de la tarea integrada, al ser ciclos de formación profesional donde casi en exclusiva se ha desarrollado mi actividad, todas las tareas tenían un enfoque eminentemente práctico.
Cualquier temario, por teórico que pareciese en algunas ocasiones (pocas), lo examinaba con atención buscando prácticas y en su defecto ejercicios que pudiesen consolidar las breves explicaciones o escasas "clases magistrales" que impartía. De hecho esto incluso llevado a cierto enfrentamiento con alguna hija de director de algún concertado que defendía la impartición de un 50% de clases teóricas de apuntes y memorización. El objetivo siempre es aplicar unos contenidos que en sí se basan en la práctica real, en habilidades.
De esta forma, antes evaluaba la consecución de un objetivo: completar una práctica. Por supuesto esta práctica estaba asociada a uno o varios criterios de evaluación, ya que estos, en su redacción, son casi un enunciado de una práctica. Ciertamente esto podía ser difuso, dado que algunas podían ser guiadas sin necesidad de reflexión. Aquí mi esfuerzo en algunos casos era la modificación de algunas prácticas, extensiones y forzamiento de errores que obligasen, cuando era posible, un mayor esfuerzo por parte de los alumnos. Pero una vez conseguido el objetivo, el alumno observaba que su resultado funcionaba y ofrecía un servicio y utilidad real. ¿Qué mayor logro que ver cómo un alumno construye algo y funciona? Ver cómo usa el servicio FTP para enviar ficheros entre ordenadores, ver su propia página web, iniciar sesión con un mismo usuario en diferentes ordenadores y tener los mismos ficheros. Antes era magia, pero ahora ven qué es realmente, porque lo han desentrañado.
En ocasiones además me permitía comprobar que la tarea conectaba con el alumno. Desde un simple desarrollo de un programa en shell script que diese tres oportunidades de adivinar un número del 1 al 10, un alumno se involucró mucho en la práctica, llegando a divertirse con ella y cambiando el nombre "practica2.2.sh" por "entrena_padawan.sh" dado su interés con la saga de Star Wars. Pero en los tres cursos posteriores pocos alumnos lo vieron interesante de la misma forma.
Las dudas que surgían y el requerimiento de ayuda por parte del profesor u otros alumnos me daban una idea de hasta qué punto un alumno estaba adquiriendo unos conocimientos y habilidades.
En resumen: todo esto estaba desconectado y sin ponerle nombre. Podía decirse que seguía una metodología activa, y por lo general la evaluación era formadora. Realizaba exámenes también, pero estos casi siempre estaban relacionados con las prácticas realizadas y reflexiones relacionadas, no solía ser necesario estudiarlos en algunos casos y muchas veces era suficiente con repasar las prácticas, no tanto la teoría. Pero en cuanto a calificaciones, su valor era igual o menor a la práctica. La práctica en si era el propio proceso donde el alumno aprendía y era evaluado. El examen se solía limitar a comprobar si el alumno era excesivamente pasivo si era ayudado por otros, por el profesor u otras situaciones donde se pudiese conseguir la práctica sin adquirir las habilidades necesarias.
Ciertamente, se involucraba al alumno en el proceso, pero ocasionalmente se lograba un interés mayor conectando con sus propios intereses.
El mayor indicador era si el alumno deja de ver "magia" y comienza a saber por qué funciona algo que él mismo ha construido.
De ahora en adelante
Una metodología de evaluación que surgió de forma natural por la propia necesidad de los contenidos a impartir, ayudada por la forma de "ser" que adquirí en la realización presencial de un Máster de Profesorado realmente ilusionante gracias a compañeros y profesores (pese a las dificultades de un primer año de implantación), resultó ser similar pero sin organizar y poner nombre a lo aprendido. Y sobre todo, sin poner conscientemente el nombre "evaluación" en el proceso.
Por ello será posible en adelante hacer hincapié en aspectos que daban buen resultado y formalizarla. Sobre todo esta última palabra: formalizar lo que antes había surgido, incluyendo de forma consciente la evaluación en la propia metodología de mis clases.
También, aunque parezcan implícitos en los enunciados, exponer los criterios de evaluación de la tarea para hacer más conscientes a los alumnos de su progreso.
El desafío
Como había hecho notar, muchas prácticas realizadas anteriormente surgían fácilmente de los propios criterios de evaluación. Pero no siempre estaban correctamente conectadas (por ser puntuales y no parte de una tarea mayor), no siempre captaban el interés del alumno o dejaban claro al alumno cuál es su objetivo más allá de aprobar una práctica.
Daba por hecho que una práctica lograba unas cosas sí y otras no debido a la propia naturaleza de la práctica.
Por ello, de ahora en adelante, el esfuerzo puede ir dirigido a completar las carencias de cada práctica y conectarlas más entre sí: menos prácticas puntuales, más intervención del alumno en su objetivo y transparencia en los criterios de evaluación.